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- O TRASNO DO TEMPO - (El Duende del Tiempo) - CAPÍTULO QUINTO (Segunda parte)

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CAPÍTULO QUINTO  (SEGUNDA PARTE)

 

  Bueno queridos lectores, pues como decíamos cuando lo dejamos; casi a correr nos fuimos para casa mi abuelo y yo, porque las campanas seguían con su lastimero aviso de próximo funeral; y o no había habido misa, o esta había sido muy corta, porque las campanadas habían empezado en horario de misa precisamente. Al llegar a casa me encontré con mi madre un tanto compungida, y de inmediato recibí el comunicado de que Don Adolfo había muerto...  -¡ Pero acaso no recordáis quién era Don Adolfo !-. Uyyyy...  que lectores despistados tengo. ¡ Pues claro !,  el cura...  El Latinero,  ¡ quién sinó !. Corrí a comunicarle al abuelo, que venía un poco más atrás, lo que había pasado, y el viejo abriendo los brazos exclamó...

  - ¡ Alabadiños sexan todos os santos difuntos da familia !...  ¡ Ahh  perdón... perdón !.  -Exclamó seguidamente-.

(Alabados sean todos los santos difuntos de la familia), quería decir aquello. Y lo de perdón con exclamación incluida, había sido porque mi madre lo había oído...  jajaja. Y mientras mi madre seguía con su pena, que tampoco creo que fuese tanta, el abuelo y yo, volvimos al mismo campo, y a sentarnos casi en el mismo lugar, para seguir con lo más interesante del relato que habíamos dejado pendiente, ya que los acontecimientos que vendrían por causa de la muerte de Don Adolfo, aun tardarían...  quizás a partir de pasado mañana, por la autopsia y todo eso; pero todo lo que pase será contando en un capítulo especial; así lo haré en cuanto suceda... en cuanto pueda... y en cuanto tengo tiempo.  Por cierto ya os puedo adelantar el título  (eso si)...  "Pasión, muerte, y enterramiento de Don Adolfo".

 

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  Camino de nuevo de nuestro anterior lugar de reunión, el abuelo empezó a revisar el interior del chaleco con inusitado nerviosismo...

  -  ¡ Que pasa abuelo !

  - Nada nada... que ya pensé que había perdido el diario.

Allí sentados con una cara de satisfacción en el viejo como hace tiempo no había visto, nos disponíamos a seguir recordando las aventuras de aquellos antepasados montañeses.

  - Ramiro prométeme que no me vas a interrumpir a no ser que sea sumamente necesario, porque lo que te voy a contar es muy largo, y si pides muchas explicaciones, no podremos acabar hoy; y como va a haber “fiesta”, mañana... o pasado a más tardar, pues no tendremos tiempo de ponernos de nuevo con las cosas de  Fariñas y demás compañía.

  - Ok. Abuelo.

  - Okey... Okey...  ¡ Tenéis una forma de hablar ahora que no hay quien la comprenda !.

  - Bueno haber...  ¡ quien interrumpes ahora y pierdes el tiempo eres tu !... jajaja.

  - Si tienes razón Ramiriño.  ¡ Empecemos entonces !...

Bueno pues un poco lejos, quizás a unos ocho kilómetros de la aldea más o menos, el río que allí nacía formaba  “unha poza”  (pequeño charco), casi al lado del camino, y era allí justamente en donde  O Demo y su comitiva aprovechaban para beber y refrescarse, antes del último tramo que les quedaba para entrar en la aldea; era aquél el único lugar en donde había en pleno verano, agua disponible en los alrededores antes de llegar a la misma aldea, ya que la del río era inaccesible por ir bastante sumergido en la tierra, y un poco escondido por la vegetación que en su pequeña ribera abundaba. Así pues  Fariñas dijo a sus vecinos que sería allí  “na poza”  en donde verterían la adurmideira hervida en agua, para que cuando los visitantes bebiesen y se refrescasen, pasaran a quedar adormilados de verdad el tiempo suficiente, para que así los hambrientos animales rematasen a discreción el trabajo.

  - ¡ De verdad que estaban preparando un asesinato y que los ejecutores iban a ser lobos, jabalís, osos, y demás !.

  - ¡ De verdad que me prometiste no interrumpir !.  -Me respondió con un poco de brusquedad-.

Simplemente moví la cabeza con un gesto afirmativo, y dejé sin mas que el abuelo continuase con entusiasmo el interesante relato.

  - Como decía...  Había que prepararlo todo al detalle, llevar hasta el lugar la cantidad suficiente de pócima, pero no con tanta antelación que algún animal pudiese beber antes de que ellos llegasen, y al verlo dando vueltas o allí esparramado, pudiesen sospechar de algo, pero al mismo tiempo tendría que ser sin demora para que en la charca no se notase nada sospechoso, es decir que el agua estuviese clara y sin sombras de que a adurmideira estaba allí esperándoles. Parece ser que el trabajo de los preparativos fue extenuante para todos los de la aldea, hombres mujeres y niños incluso participaron en transportar o ayudar con los envases, todos los carros fueron bien engrasados para evitar ruidos sospechosos que pudieran alertar a los osos lobos jabalís... etc, ya que no hacía falta que todos estos descubriesen que todos los pobladores de la aldea estaban a descubierto. Lo cierto es que consiguieron verter en aquella poza la adurmideira, con la antelación suficiente para que efectivamente quedase disimulada, y al mismo tiempo dejaron en las cercanías, fuera de la vista de los que estuviesen al lado de la misma, rastros de sangre animal, y pieles que ellos usaban en la aldea a diario, semienterradas en la hierba de aquél lugar. Lo primero  (la sangre)  para que los animales acudiesen allí guiados por su olor, y lo segundo  (las pieles)  para que en su aproximación supiesen que aquellos seres que caminaban en dos patas, y estaban allí extrañamente dormidos, eran culpables de dar muerte a sus semejantes; porque los animales tambien piensan y recuerdan, y los de aquellos tiempos lo hacían con más agudeza si cabe, ya que sabían que así como ellos mataban a los hombres, también los hombres los mataban a ellos y después usaban sus pieles, por eso había órdenes concretas de que fuera de la aldea las pieles que llevasen todos vestidas fuesen cubiertas con una especia de manto de lino  (o algo parecido)  que las mujeres tejían, para que si se encontraban con algún animal lobo u oso, este no detectase a primera vista que la piel que portaban era de uno de su especie, pues eso haría que la confrontación fuese repentina e inevitable. Como estaba previsto más o menos, a los dos días y medio, llegaron al lugar O Demo y los suyos ya de noche, era así porque las antorchas se divisaban desde la aldea en la lejanía, seguro pues que allí precisamente acamparían, y que con suerte beberían e incluso se bañarían en a poza, quizás para nunca despertarse ya. Los acontecimientos que siguieron a aquella noche y a toda la semana siguiente, parece ser que excedieron de lo que  Fariñas y los suyos pensaron, pues debieron de beber lo suficiente, y si que se bañaron seguro, porque lo cierto es que si, que se quedaron dormidos a causa del agua preparada, y que los animales de todo el entorno tal y como estaba previsto, acudieron a montón, porque la carnicería fue real y multitudinaria, ya que apenas tres de aquellos hombres que formaban la desgraciada comitiva sobrevivieron, y algún caballo también parece que se escapó, pero de él o de ellos nunca más se supo, y lo de los hombres sucedió porque siendo simples criados, decidieron no beber, después de ver como los demás no solo se bañaban después de haber saciado la sed, sinó que seguidamente se dedicaron a regar con su orina aquellas aguas uno tras otro, y además viendo como sus amos daban vueltas como tontos y se caían al suelo como borrachos, para no levantarse ya vencidos por una especie de sueño desconocido, y oyendo no muy lejos el aullido de los lobos, se arrastraron con prontitud y como pudieron con el máximo sigilo hacia a la aldea, que encontraron totalmente cerrada por todas partes, y con aquellos residentes que no les querían abrir, y que lo hicieron por fin después de mucho insistir y aclarar, que ellos solo eran criados del señor recaudador, y que los animales estaban atacando no muy lejos a sus señores, los cuales estaban como dormidos por no sabían que encantamiento. Total que aquél suceso perduró en la memoria de las gentes de aquellos lugares, e incluso de sus cercanías mucho tiempo, y las expediciones posteriores siempre consideraron pasar bien apertrechados de armas y otros medios aquellos montes, y nunca más pararon en aquella maldita pequeña poza, ni en aquellos campos cercanos a ella, desde luego de noche  (ya para nada)  porque decían que esos lugares estaban endemoniados... a pesar de que ya habían sido bendecidos el mismo día en que se habían enterrado los restos que habían quedado, por no se que famoso fraile; muchos no habían estado de acuerdo en enterrarlos allí precisamente, pero había quedado tan poco de aquellos desafortunados, que consideraron que no valía la pena transportarlos a algún camposanto cercano.  A los nombres de...  Paspallás de Brañas, Tras das Fontes de Don Breoganus, había que añadir ahora  “A Poza Do Demo”...  (La Poza del Demonio) o el más conocido todavía...  “O Monte das Ánimas”  (El Monte de las Ánimas). También desde entonces las visitas de posteriores recaudadores a la aldea no fueron tan frecuentes, y cuando venían solían ser más benévolos y un poco más amables, pues querían contar con sus consejos, y hasta con sus conjuros para transitar por aquellos lugares llenos de ánimas vagando en la oscuridad de la noche, y pensaban que aquellas gentes también tenían una especie de pacto con el diablo, ya que de no tenerlo sería imposible vivir allí, entre tanta alma atormentada, por causa de pasados y muy comentados acontecimientos macabros, y así pues y por todo eso, no era recomendable para nada  maltratarlos, y si marcharse cuanto antes, y seguir su camino hacia otros asentamientos próximos más tranquilos, y llegar a todos ellos sin novedad. Al miedo a la noche, también había que añadir el miedo al propio día, puesto que de día los animales al beber en a poza, se creía que se contagiaban de esa maldición, que los convertía en asesinos despiadados, y por ello comedores de hombres. Algún gran Señor de aquella época se había propuesto secar la poza, o hacer una salida para que el agua no se estancara allí, pero no había encontrado a hombres dispuestos a hacer el trabajo voluntariamente, y por los consejos de algunos religiosos, también supo que era mejor dejar las cosas como estaban, ya que no era recomendable desafiar al diablo que vivía en aquellos lugares de esa manera, pues siempre podía sufrir alguna maldición quien lo intentase, y difícil y trabajoso sería despues remediarlo con simples oraciones, ya que al demonio se le temía mucho más entonces que ahora; por ello todo quedó igual...

  - ¡ Pero abuelo !.  -Me apresuré a decirle-.  ¡ Nunca se enteraron los señores de quien había preparado todo aquello !. O sospecharon algo.

  - Pues claro que no hombre, de saberlo todos ellos habrían muerto seguramente ejecutados o enterrados vivos, y la aldea quemada en su totalidad, por lo que silencio total para todos ellos. Tu has oído hablar de la famosa  “omertá”  que impera en la mafia siciliana.

  - Ahhh... si si.

  - Pues en aquél entonces en la aldea, podemos decir que inventaron esa ley no escrita, la misma conducta que hay en la mafia, el que dijese algo no solo moriría él, sinó que arrastraría a todos los demás, y hablar de todo lo sucedido, pasó a ser como un “tabú”, para ellos era como si todo aquello no hubiese pasado nunca, así que todos mudos; muchos de los que nacieron después lo desconocieron siempre...  "Per Saécula Saeculorum"...   (por los siglos de los siglos)...  ¡ como diría el reciente difunto !... jajaja.

Y así nos quedamos riendo los dos, en la inmensidad de aquella naturaleza, interrumpidos tan solo por el cantar de algunos pajarillos, cómplices ellos también de nuestros secretos.

 

Nucho de Terceiro – 16 de junio de 2.008

 

Sigue... 

 

 

 

16/06/2008 18:33. Senén Campos Maceiras #. sin tema

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